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Sin devaluación, la inflación ya pegó el salto: el problema de pagar los costos sin lograr los beneficios

Massa dijo que un alza del tipo de cambio provocaría un fogonazo en los precios que no está dispuesto a convalidar. Pero el fogonazo ya se produjo y el dólar oficial aparece barato y es objeto de deseo.

Repasando los 22 anuncios de Sergio Massa en el lanzamiento de su gestión como ministro de Economía, hay dos objetivos a los que apuntó con mayor intensidad: dar una señal de tender al equilibrio fiscal y tratar de conseguir fondos para fortalecer las reservas del Banco Central.

A poco de andar aparece con más claridad que lograr la meta de déficit fiscal de 2,5% del PBI acordada con el Fondo Monetario Internacional, con el compromiso adicional de que el Banco Central no emitirá para cubrir el rojo de las cuentas públicas aparece con más peso dentro de las prioridades.

Y eso responde a que el Banco Central sigue teniendo que vender dólares para abastecer a un mercado claramente desequilibrado a estos precios y con el agravante de que no se definió desde el arranque un esquema preciso sobre cómo y a qué valores deberán liquidar los dólares los exportadores en el caso en que los productores (señalados como supuestos acaparadores) decidiesen venderles los granos.

El pago de las importaciones de energía (considerado otro malo de la película) demandó en julio un récord de divisas. Fueron US$2.400 millones y el gobierno aspira a que esa demanda baje hasta el rango de US$1.800/1.600 millones en agosto, un nivel altísimo, pero que aliviaría el exiguo rango de las reservas líquidas del Central.

Una foto del marco cambiario se incluyó en un informe de la consultora Eco Go sobre las primeras medidas del ministro Massa.

Sostiene: «El BCRA acumula ya siete rondas consecutivas (hasta el jueves) con ventas netas de reservas internacionales en las que entregó US$973 millones. Así, a lo largo del año el Central vendió US$27 millones, frente a una acumulación de US$6.727 millones en igual período del año pasado».

El ministro adelantó y estaría en plena instrumentación la liquidación en el término de 60 días de US$5.000 millones provenientes de acuerdos con los sectores exportadores clave de la Argentina.

A eso dijo que se adicionarían US$1.200 millones de desembolsos provenientes del programas de crédito vigentes con organismos internacionales y otros US$ 750 millones producto de un nuevo programa con la CAF.

La pregunta clave y que aún no encuentra respuesta en el marco del esquema en gestación es si esos supuestos casi US$7.000 millones serán vendidos a $132,88 para abastecer la demanda que recibe el Banco Central para el pago de importaciones y cancelación de deuda.

Es bastante evidente que un dólar mayorista a $132,88 es uno de los bienes más baratos del mercado y que a ese precio la presión de la demanda será importante.

Cuando la periodista Anabella Quiroga, de Clarín, le preguntó «si se sentía cómodo con el valor del dólar oficial», Massa, un hábil declarante, respondió diciendo que un salto del tipo de cambio provocaría un fogonazo inflacionario que no está dispuesto a convalidar. Pero el problema es que el fogonazo se produjo y el dólar oficial aparece barato y es objeto de deseo.

El salto inflacionario (el jueves se conocerá el 6/7/8% de suba del costo de vida en julio) ya llegó y arrancó el 8 de junio cuando el mercado le cortó el financiamiento en pesos al Tesoro y se pronunció a partir de la renuncia de Martín Guzmán generando un golpe de incertidumbre en una economía caracterizada por tener muchos pesos, pocos dólares y habiendo generado un aumento del déficit fiscal de 125% en los primeros seis meses respecto al mismo período del año anterior.

Respecto del ajuste para cumplir con el 2,5% de déficit fiscal acordado con el FMI, el informe de Marina Dal Poggetto dice que el déficit antes de Massa se eleva a 3,5% del PBI y que «para llegar al 2,5% del PBI se requiere que se sostenga a rajatabla el incluido en la ampliación presupuestaria de dos meses atrás armada con un gasto creciendo al 63%, consistente con una caída del 10% interanual en términos reales«.

En otras palabras, es probable que el ajuste, aún contemplando una mejora para las jubilaciones, lo termine haciendo la inflación vía una licuación del gasto público.

Pero lo que no queda claro es si la fijación de un sendero fiscal que tienda a equilibrar las cuentas públicas conseguirá más relevancia que una brecha cambiaria (diferencia del dólar oficial y los libres) superior al 100% que sigue marcando la necesidad de actuar rápido y de que el mercado cambiario sigue emitiendo ruidos.

fuente: Clarin

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